Mariposa Nocturna
Capítulo 2
Mariposa Nocturna
( a los que han perdido su luz, pero siguen en ascuas en medio de la noche)
En el caserón de los León se respiraba paz y armonía. La niña crecía llena de campos floridos. Un día de cielos despejados ella fue a jugar con las ramas de un almendro con las que se balanceaba como un columpio, vio a lo lejos un camión que se aproximaba rabioso por el camino, iba dejando una cortina polvorienta. El hombre que manejaba el vehículo traía el ganado mensualmente al campo para que sus animales tuvieran alimento, Arturo tenía varias hectáreas para forraje de animales, cobraba una buena cantidad de dinero por permitir que esos animales comieran, por lo que el dinero ayudaba bastante a la familia León. Ella miró con incógnita y confusión al hombre cuando bajó del camión, se acercó lentamente...
-Hola… ¿Quieres ver los potrillos? -preguntó el hombre en un tono pícaro campesino.
En un salto asustadizo, desprevenido, ella atinó a mover la cabeza de un lado al otro, repetitivamente.
-Qué linda eres, ¿Cuál es tú nombre?... -insistente y acechante se acercó un poco más al preguntar casi obsesivo…
Una energía eléctrica recorrió el cuerpo de la niña, su mente inocente le alertaba de que algo no andaba tan bien, la embargó un sentimiento de inmovilización total, casi petrificada se aferró a la rama del árbol en una mirada de súplica, desde el vientre e innatamente resurgía desde su entraña visceral la necesidad de gritar, el espiral genético de su ADN, le anunciaba al sistema inmunológico en una corriente del sistema nervioso premonitoriamente huir. La onda de luz salió de sus ojos comunicándose con los potrillos los que empezaron a patear las paredes de latón del camión.
- ¿No piensas hablar verdad? mejor así… ven acá… sh sh sh… -le susurro al oído, apretándole los bracitos y empujándola dentro del camión. -No llores… sh sh sh…
Los animales estaban frenéticos, aturdidos de tanto golpear con sus patas. Agnolia en la cocina batía unas claras de huevos a baño María, concentradísima. Arturo tallaba en el taller vigorosamente… de pronto ocurrió eso que todo el mundo llama como “sobrenatural”… una mariposa revoloteando por encima del camión trataba de ayudar a los potrillos en su ardua tarea de lucha por socorrer a la niña… tenías las alas rotas de tanto insistir e insistir… rotas. Alas rotas y quebradas. Mariposa Nocturna. De la manera más cruel, la niñita que reía como un río, ahora lloraba a mares, también rota, rota en mil trozos, tenía el cuello amoratado y rojo, unos grandes y gordos dedos marcados por su boca y cintura, estaba trizada completamente, el dolor que sentía era insuperable… una patada más dura logró romper el latón por fin, logrando romper el vidrio que separa al hombre de los potrillos, los animales estaban fuera de sí, de la manera más salvaje lo comenzaron a agredir, fue tanto en un momento salió disparado por la puerta, el momento fue épico, ella les lanzó una mirada entre agradecimiento y dolor… los potrillos casi matan al hombre… ella seguía inmóvil… hasta que se atrevió a salir del camión, se acomodó sus ropas poniéndo al mismo tiempo los pies en la tierra… sus piernas estaban separadas y llenas de temblores involuntarios… le dolía el alma, el corazón, su cuerpo jadeó, imploró al cielo ayuda… el hombre se arrastró como pudo hasta ella… tomándole un pie la amenazó.
-Te callas y no dices nada porque si tus padres descubren lo que pasó, no tendrán a nadie que les pague por forraje, las cosas no caen del cielo, imagínate… no habrá nada que comer, tus padres lo pasarán muy mal, ¿no quieres verlos triste verdad?... además, tú eres la culpable porque hiciste con tus llantos que los animales se pusieran bravos y mira como casi me matan… ¿quién te va a creer?... Ella lo miró con asco y repulsión, deseó por primera vez en la vida lo peor para otro ser, quería ahorcarlo, sentía deseos irrefrenables de que los potrillos lo hubieran dejado inconsciente para no tener que oírlo hablar nunca. En ese momento un grito desesperado se oyó nítido detrás de ella, los robustos brazos de su padre la alcanzaron a sostener antes que terminara de derribarse.
- ¡Deneb!...
Ella se desvaneció lentamente apagando sus ojitos como estrella del cielo, como la estrella blanca y celeste de la constelación de Cygnus... una de las estrellas más brillantes del cielo nocturno…Valentino Ryder, Chileno.



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